Bruce Lee (ZX Spectrum)
10juny 15, 2010 by David
Además de los salones recreativos, mi educación general básica con los videojuegos se complementaba con el ZX Spectrum + que tenía en casa y que utilizaba casi exclusivamente para jugar. Eran muchos los juegos que podían pasar por él, dada la extrema facilidad de copia, una gran base de usuarios dispuestos a hacer intercambios, y la multitud de ofertas y compilaciones de bajo coste, pero si hay un juego que ha permanecido conmigo hasta hoy en día desde entonces, ese es Bruce Lee.
Es el único título de aquella época al que sigo jugando regularmente, aunque ya hace mucho tiempo que lo hago a través de emuladores (Spectaculator es el mejor hoy por hoy, aunque sea de pago). El Spectrum, guardado dentro de una caja de cartón en la que estaban la gran mayoría de juegos originales, se perdió en un traslado de un piso a otro allá por 1997, y no hemos vuelto a saber de él. Creo que el cassette original de Bruce Lee se salvó de milagro y lo tiene uno de mis hermanos, espero que a buen recaudo. Sería un bonito detalle que volviese a mis manos.
En cualquier caso Bruce Lee, el juego, convivía con clases de kárate y revistas sembradas de anécdotas relacionadas con la persona real. Para un crío de once años todo aquello conformaba un universo aparentemente sólido. Para un treintañero… bueno: el treintañero que ya supera en tiempo vital al propio Bruce Lee -fallecido a los 32- ni practica artes marciales, ni se alimenta de revistas sobre el tema, ni tiene muchas de las filias que tenía entonces. Sin embargo sigo jugando con el mismo juego, porque considero que es un viaje estimulante.
He grabado la última partida que he jugado, anteayer, para que podáis ver el juego de principio a fin y el resto del post sea más comprensible para los profanos, y los que ya lo conocéis podáis refrescar la memoria.
¿Por qué esa fijación con un juego tan sencillo? Bruce Lee encierra en su código todo el encanto de una época en la que primaba la imaginación por encima de una representación visual exhaustiva. La obsesión actual por el fotorrealismo no deja de ser una excusa para no tener que imaginar algo que no existe (en el mundo real, en el cine, …), lo cuál equivale a crear algo de la nada. Es en cierto modo lo que hacían los juegos de aquella época: con sus limitadas y torpes representaciones gráficas de elementos presuntamente reales, lo que conseguían era crear un batiburrilo de píxeles que quedaba abierto a la interpretación del jugador. Por supuesto hay que tener siempre en mente -algo que parecen olvidar las posturas más radicales a favor de los juegos de épocas pasadas- que esto no era así por decisión propia de los grafistas, sino porque técnicamente hablando no podía ser de otro modo. Era la posibilidad de completar los juegos con aportaciones del propio jugador, rellenando esos sprites de 8×8 con su imaginación, lo que convertía jugar en una experiencia enriquecedora.
El argumento del juego, según la solapa del cassette, es el siguiente:
“La acción tiene lugar en un opulento, misterioso y peligroso castillo. Bruce Lee intenta conseguir riquezas infinitas y el secreto de la inmortalidad del mago que vive allí dentro“

Eso es todo. Con ese punto de partida nos encontramos con que Bruce Lee es un negro albino con pantalones blancos, perseguido constantemente por un ninja ataviado de blanco y un gordo sorprendentemente ligero (el yamo verde, según el manual de instrucciones, quien de hecho sí era verde en otras versiones). Todo el juego, a excepción de algunas pantallas aisladas en las que no aparecen rivales, es una constante persecución, un juego del gato y el ratón en el que el jugador puede optar por el enfrentamiento directo o por centrarse en avanzar. Como se puede ver en el vídeo yo he optado por la segunda opción, algo que empecé a hacer al poco de tener el juego: el sistema de combate no es ninguna maravilla (apenas hay dos opciones: puñetazo simple y patada voladora), y unido a una detección de colisiones un tanto caprichosa hace que la opción más saludable sea la de avanzar sin descanso. Por supuesto si uno busca obtener una puntuación memorable la opción es la contraria: enfrentarse constantemente al ninja y al yamo verde, y avanzar en los espacios de tiempo que quedan entre una regeneración y otra. Vencerles tampoco es demasiado difícil: lanzándoles una serie de patadas aéreas en carrera pierden toda su capacidad de reacción. Yo encuentro más estimulante la primera opción: buscar una ruta rápida, confundirles, y hacerles caer en las trampas del castillo. Puede parecer contrario a la filosofía que se le supone al propio Bruce Lee, pero es un estilo de juego que se ve justificado al llegar al enfrentamiento final con el anteriormente mencionado mago malvado: no hay enfrentamiento físico posible, tan sólo un sprint suicida hasta pulsar el interruptor que acaba con todo, esquivando sus hechizos por el camino.

Combate al margen, la propuesta de Bruce Lee es la de un juego de plataformas en el que hay que recoger una serie de linternas -podrían ser cualquier otra cosa- para ir desbloqueando puertas. La por entonces novedosa mezcla de acción y plataformas se desarrolla a lo largo de una veintena de pantallas simples, sin scroll alguno, cada una con un reto distinto. Si al principio los únicos peligros son el ninja y el yamo verde, después estos se combinan con afiladas trampas colocadas en techos y fosos sin fondo, rayos láser, y minas móviles. O eso debemos suponer que son dentro del contexto de la fortaleza maligna al uso, pues gráficamente bien podrían ser bolsas de excrementos lanzadas a presión y ratones antropófagos. El reto, con los impredecibles ninja y yamo verde al margen, es siempre el mismo, por lo que memorizar los pasos a seguir en cada habitación es la clave del éxito. En resumidas cuentas todo se reduce en cuándo y hacia dónde saltar -o agacharse- al enfrentarse a cada trampa, un ejercicio de agilidad y coordinación. El jefe final por su parte no tiene mayor misterio que el de correr hacia la pared del fondo. Hay algún amago de puzzle, como la prueba de las tres puertas (o tres cuevas, ¿qué son en realidad?), pero lo cierto es que no tiene pérdida, y en ningún momento se varía la dinámica del juego para introducir elementos nuevos. Como juego Bruce Lee puede ser completado fácilmente sin morir cuando conoces cada paso, en partidas que duran menos de diez minutos (aunque el juego vuelve a empezar tras completarlo). Por el camino puedes fantasear con los escenarios y los elementos que los pueblan, sonreír con el hipopótamo que te da la bienvenida al templo donde habita el mago, cuestionar la coherencia espacial del juego al relacionar cada pantalla con las colindantes, o sobrecogerte con la pantalla final, esa en la que se supone que Bruce ha obtenido la inmortalidad y riquezas infinitas. Hay más de lo que tus ojos ven, aunque sólo esté en tu imaginación.

Bruce Lee ha conocido algún que otro remake, pero el más potable para un jugador poco habituado a los pixelazos es el de Ovine by Design, que lleva por título Ultimate Bruce Lee, una reimaginación que además de una reproducción del juego original ofrece numerosos extras y modos de juego que le dan una dimensión más amplia al titulo original.
Sea como sea, si he estado jugando de forma regular a Bruce Lee durante más de dos décadas, no creo que nunca llegue a abandonar la costumbre. A fin de cuentas, y como ya he dicho antes, resulta estimulante, y otorga una perspectiva interesante a cada nuevo juego al que me he enfrentado desde entonces. Si no me distrae tanto como logra hacerlo Bruce Lee con tan pocos elementos… probablemente no merece mi tiempo.
Category 8-bitSoul | Tags: Bruce Lee, ZX Spectrum






Qué recuerdos. A mí me lo recomendaba siempre un compañero de clase del instituto, pero yo pasaba. No me atraía nada este juego. Y un día alguien me prestó una cassette con varios juegos y uno de ellos era este. Lo probé convencido de que no me iba a gustar y quedé enganchado.
¡Los pasicos! ¡No recordaba el sonido de los pasicos! O, P, O, P…
Parece ser que todo el presupuesto dedicado al sonido se fue en la melodía inicial (que repiten al final). Todo lo demás son cuchufletas
.
Es el segundo juego que terminé en mi vida (el primero fue el Manic Miner). Le tengo un cariño inmenso.
Dónde otros ven cuadadritos de colores, yo veo delicados y misteriosos palacios orientales. Estoy de acuerdo en que los videojuegos, cuanto menos se parecen al cine, más se parecen a la literatura…
Creo que es la forma apropiada de enfrentarse a los juegos de esa época. Hoy día si entras en un castillo maligno se han tomado la molestia de dibujar en alta definición hasta la última grieta en los muros, no hay mucho espacio para fantasear. Eso no quita que el juego pueda ser bueno (o malo, o regular), pero la forma de afrontarlo cambia radicalmente. Con estos juegos de 8-bits uno disfrutaba tanto por lo que le sugería cada elemento como por lo que ofreciese el juego como tal, y seguramente las conversaciones con los amigos a la hora de describir tal o cuál cosa eran mucho más interesantes.
A todo esto Bruce Lee es el primer juego que terminé (apreciación: sin pokes) en mi vida. Lo que ya no sé es cuántas veces lo he completado desde entonces, pero sin duda está en el primer puesto con mucha diferencia.
Si claro, sin pokes. No he terminado juegos con pokes, siempre he tenido una relación mojigata, masoquista y romántica con los videojuegos.
Hoy día nunca uso trucos, pero con el Spectrum era normal usar aquellos cargadores que salían en las revistas (“¿Vidas infinitas? S/N”). No tenía mucha paciencia con según qué juegos. Con Bruce Lee hice un esfuerzo honesto por completarlo, y mira, a día de hoy aún lo recuerdo paso a paso.
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Y Wong Kar-Wai haciendo una película sobre Bruce Le…
Estimados amigos del spectrum,
yo tenía este juego y lo terminaba, habían un par de pantallas un poco difíciles pero si le cogías el truco era un juego terminable, otros muchos eran poco menos que imposible llegar hasta el final, como el green beret que tenía un nivel de dificultad muy alto. Decirles que todavía conservo mi querido spectrum en perfecto estado de conservación, lo único el cable de tv que el falta un extremo, pero fácilmente reparable…, no me desprendo de él porque para mi representa una revolución en mi infancia, otra forma de jugar que complementaba mi rico universo. Llege a tener, y todavía tengo, una colección gigantesca de juegos, mas de medio centenar de juegos originales y unos cuantos cientos de juegos piratas. Deje de jugar solamente cuando los amigos del barrio empezaron a comparar amigas y ataris y yo fui uno de los últimos en cambiar, pero al final pasé a los 16 bytes. Me gustaría que alguien hiciese una recopilación de juegos para incluirlos en una base de datos y tenerlos todos a disposición de los usuarios, con manuales, teclas de control, etc..Un saludo y buena página..